Lillian Smart, de ocho años, murió este sábado tras contraer la mortal ameba Naegleria fowleri, conocida como ‘comecerebros’, mientras nadaba en el lago Claiborne, en Louisiana, Estados Unidos.
La pequeña llevaba hospitalizada desde mediados de agosto. La infección le causó inflamación cerebral grave y pasó sus últimos días en cuidados intensivos.
El lago donde se infectó está a unos 48 kilómetros al noroeste de Ruston, ciudad donde vivía con su familia.
Una infección rarísima pero casi siempre fatal
La Naegleria fowleri es una ameba microscópica que vive en aguas dulces cálidas. Se mete al cerebro cuando agua contaminada entra por la nariz. No pasa nada si la tragas, ni se contagia de persona a persona.
En Estados Unidos apenas se han confirmado 180 casos entre 1937 y 2025. En Louisiana van tres.
El Departamento de Salud del estado anunció el caso el 19 de agosto. Para entonces, Lillian ya estaba grave.
Los primeros síntomas son dolor de cabeza, fiebre, náuseas y vómitos. Luego vienen rigidez de cuello, confusión, alucinaciones y pérdida del equilibrio. Lillian presentó fiebre al llegar al hospital y después visión doble.
TAMBIÉN LEE. Trump promete lanzar ‘la operación económica más devastadora de la historia’ contra Irán
La familia publicó en Facebook el anuncio del fallecimiento:
Anoche Lillian pasó de nuestros brazos a los brazos de Jesús. Las lesiones en su cerebro eran demasiado graves para que su pequeño cuerpo pudiera recuperarse. Todos hicieron cuanto pudieron para mantenerla aquí. Estamos destrozados y, sinceramente, no sabemos qué hacer ahora
La niña cumplió ocho años el mismo sábado que falleció.
Dónde no está la ameba
La Naegleria fowleri no se encuentra en agua salada ni en piscinas correctamente mantenidas y cloradas.
En 2023 murió una persona en Georgia por la misma causa. En 2022 ocurrió la primera muerte vinculada a esta ameba en Nebraska.
Más de una veintena de establecimientos de Ruston organizaron iniciativas para ayudar económicamente a la familia de Lillian durante su hospitalización.
Las autoridades sanitarias insisten: la infección es extremadamente rara, pero casi siempre mortal.