El gobierno de Hungría anunció este lunes el inicio de una investigación sobre las inversiones de la automotriz china BYD en el país, luego de que el exministro de Relaciones Exteriores Péter Szijjártó renunciara al Parlamento la semana pasada para aceptar un puesto ejecutivo en la compañía, en medio de acusaciones de conflicto de interés.
La decisión de Szijjártó de unirse a la mayor fabricante de vehículos eléctricos del mundo generó una ola de críticas por su papel fundamental en la negociación de subsidios gubernamentales multimillonarios para BYD durante su tiempo como funcionario del gobierno de Viktor Orbán.
Primer ministro Magyar ordena revisión exhaustiva
El primer ministro Péter Magyar informó a los legisladores húngaros que su gobierno examinará todas las decisiones, negociaciones y compromisos estatales relacionados con la inversión de BYD en Hungría que fueron realizados por Szijjártó durante su gestión.
“Szijjártó ayudó a BYD mientras estaba en el cargo con cientos de miles de millones de forintos en dinero público, apoyo diplomático e infraestructura estatal”
Péter Magyar, primer ministro de Hungría
Magyar precisó que la investigación abarcará todos los subsidios, exenciones fiscales, permisos, exenciones ambientales e inversiones con fondos públicos otorgadas a grandes empresas multinacionales durante el gobierno de Orbán.
“Investigaremos quién tomó estas decisiones, quién las preparó, qué advertencias profesionales fueron ignoradas y cuánta carga dejaron a los contribuyentes, trabajadores, comunidades locales y el medio ambiente húngaros”
Péter Magyar, primer ministro de Hungría
Subsidios millonarios negociados por el exministro
Durante su tiempo en el gobierno, Szijjártó fue pieza clave para atraer inversiones de empresas chinas a Hungría. En 2023, anunció que BYD abriría su primera fábrica europea en territorio húngaro, lo que permitiría al conglomerado chino evadir los aranceles de importación de la Unión Europea sobre vehículos eléctricos chinos, diseñados para proteger al sector automotriz del continente.
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En 2025, el entonces ministro también reveló que BYD establecería su sede europea y un centro de investigación y desarrollo en Budapest, recibiendo 20 mil millones de forintos (aproximadamente 63.7 millones de dólares) en asistencia gubernamental.
Estas inversiones formaban parte de la estrategia del gobierno de Orbán para convertir a Hungría en un centro mundial de fabricación de baterías de ion-litio, principalmente mediante la atracción de fabricantes chinos de baterías que abrieron múltiples plantas en todo el país.
Protestas ciudadanas y preocupaciones ambientales
Las inversiones chinas no llegaron sin controversia. Residentes locales, ambientalistas y políticos de oposición organizaron protestas por temor a que la nueva industria agravara los problemas ambientales existentes, afectara los suministros de agua del país y profundizara la dependencia económica de Hungría respecto a China.
Las comunidades cercanas a las plantas expresaron preocupación por los posibles impactos en la salud pública y el ecosistema local, mientras que críticos económicos advirtieron sobre los riesgos de concentrar tanta inversión extranjera de un solo país.
Vínculos con Rusia bajo escrutinio
Además de sus relaciones con empresas chinas, Szijjártó enfrentó cuestionamientos por mantener estrechos vínculos con Rusia a pesar de la invasión a gran escala de Ucrania que inició el 24 de febrero de 2022.
A diferencia de casi todos sus homólogos de la Unión Europea, el exministro viajó frecuentemente a Moscú para negociar acuerdos de compra de petróleo y gas ruso, y para reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergey Lavrov, a quien llegó a referirse como su “amigo”.
Durante la campaña electoral húngara de 2026, Szijjártó se vio envuelto en polémica cuando se reveló que realizaba llamadas telefónicas regulares a Lavrov durante reuniones de alto nivel de la Unión Europea, proporcionando “reportes en vivo de lo discutido”.
El exfuncionario rechazó el reporte, aunque reconoció que consultaba con Lavrov antes y después de las reuniones de ministros de Exteriores de la Unión Europea sobre la agenda y las decisiones tomadas. La semana pasada, Magyar indicó que, según su conocimiento, se había iniciado una investigación sobre las conexiones de Szijjártó con el gobierno ruso.
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Sin respuesta de los involucrados
Hasta el momento, ni Szijjártó ni BYD han respondido a las acusaciones de conflicto de interés planteadas por el primer ministro Magyar. El exministro de Exteriores ha calificado su nuevo puesto como una oportunidad “prestigiosa” de trabajar para una de las “mayores historias de éxito” en la industria automotriz.
Implicaciones para la industria automotriz global
Este caso podría tener repercusiones más allá de las fronteras húngaras. BYD se ha posicionado como el mayor fabricante mundial de vehículos eléctricos, superando incluso a Tesla en algunos mercados. Su estrategia de establecer plantas de producción dentro de la Unión Europea busca específicamente evitar los aranceles que el bloque impuso a los autos eléctricos chinos para proteger a fabricantes europeos como Volkswagen, BMW y Stellantis.
La investigación húngara podría sentar precedentes sobre cómo los gobiernos europeos manejan las inversiones de empresas chinas en sectores estratégicos, especialmente cuando existen señalamientos de posibles conflictos de interés entre funcionarios públicos y corporaciones extranjeras.
Relevancia para México y América Latina
El caso resulta relevante para México, donde BYD también ha mostrado interés en expandir sus operaciones. La automotriz china ha incrementado su presencia en el mercado mexicano de vehículos eléctricos e híbridos, mientras que el gobierno federal ha establecido políticas para atraer inversión en el sector de movilidad sustentable.
La controversia en Hungría subraya la importancia de establecer mecanismos de transparencia y rendición de cuentas en las negociaciones de inversión extranjera, particularmente cuando involucran subsidios públicos y beneficios fiscales significativos.
Los resultados de la investigación húngara podrían influir en cómo otros países, incluyendo naciones latinoamericanas, estructuran sus acuerdos con empresas chinas del sector automotriz y tecnológico en los próximos años.