Dos niños sobrevivieron a masacres que les arrebataron a su familia

Un niño de 6 años y un bebé de casi 3 sobrevivieron a dos multihomicidios distintos en Atizapán y Tlalpan. Ambos vieron morir a sus familiares, pero solo en uno de los casos hay detenidos.

Dos menores de edad se convirtieron en testigos del peor tipo de violencia: la que les arrancó a su familia de cuajo. Un niño de 6 años y un bebé de casi 3 presenció cómo mataban a sus seres queridos en dos multihomicidios distintos en la capital del país.

Dato clave
En el caso de Jonathan, dos responsables fueron detenidos; en el caso del bebé de Ajusco, los agresores siguen libres pese a haber cámaras de vigilancia.

Jonathan, el niño que su niñera salvó

El primer caso es el de Jonathan, de 6 años, quien vio cómo asesinaban a su padre, su hermana y su niñera en un departamento de lujo en Atizapán. Su papá era músico del grupo Camilo Séptimo.

La historia salió a la luz la semana pasada. La niñera lo salvó de morir antes de ser asesinada ella misma. Jonathan resultó ileso físicamente, pero su mundo cambió para siempre esa noche.

En este caso, al menos hay un mínimo de justicia: dos homicidas fueron detenidos. Quedan detrás de las rejas mientras Jonathan intenta procesar lo que sus ojos de niño nunca debieron ver.

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El bebé que quedó solo en el coche

El segundo caso ocurrió en San Miguel Ajusco, en Tlalpan. Un bebé de casi 3 años fue hallado ileso en el asiento trasero de un vehículo donde acababan de ejecutar a dos personas: una mujer y un hombre identificado como Carlos Alberto.

El menor estaba en el coche varado, rodeado de violencia y muerte. Las autoridades lo encontraron vivo, sin heridas, pero con los ojos marcados por una escena que nadie debería presenciar.

A diferencia del caso de Jonathan, aquí los agresores no fueron detenidos. Andan sueltos, a pesar de que hay cámaras de vigilancia que captaron el ataque. Las imágenes existen, pero los responsables siguen en las calles.

No se sabe si el bebé es hijo de las víctimas. Tampoco se ha confirmado la relación entre la mujer y Carlos Alberto. Lo único cierto es que ese niño quedó huérfano de respuestas y, probablemente, de familia.

Dos niños. Dos masacres. Dos tragedias que dejan un reguero de preguntas sobre la violencia desatada en zonas de la Ciudad de México. Ambos menores salieron con vida, pero quedaron marcados para siempre.

Jonathan y el bebé de Ajusco son las caras más pequeñas de una violencia que no distingue edades ni circunstancias. Sus historias son un espejo roto de lo que pasa cuando las balas no respetan nada.

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