Los hermanos Arellano Félix se convirtieron en sinónimo de violencia extrema y dominio territorial en la frontera norte de México durante las décadas de los ochenta y noventa. Su organización, conocida como el Cártel de Tijuana o Cártel Arellano Félix (CAF), llegó a controlar una de las rutas de narcotráfico más codiciadas hacia Estados Unidos, dejando una estela de sangre que transformó para siempre la dinámica del crimen organizado en el país.
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Ramón Arellano Félix, el “brazo ejecutor” del cártel, murió en un enfrentamiento con la policía en Mazatlán en febrero de 2002; su hermano Benjamín fue capturado un mes después en Puebla.
La familia Arellano Félix estaba conformada por siete hermanos: Benjamín, Ramón, Eduardo, Javier, Francisco Rafael, Carlos y Enedina. De todos ellos, Benjamín fungía como el cerebro financiero y estratégico de la organización, mientras que Ramón era considerado el brazo ejecutor, responsable de las operaciones más violentas del cártel.
Orígenes del Cártel de Tijuana
El surgimiento de los Arellano Félix como potencia del narcotráfico tiene sus raíces en la fragmentación del llamado Cártel de Guadalajara, liderado por Miguel Ángel Félix Gallardo, quien era tío de los hermanos por parte materna. Tras la detención de Félix Gallardo en 1989, el territorio mexicano fue dividido entre diversos grupos criminales.
A los Arellano Félix les correspondió la plaza de Tijuana, una ciudad estratégica por su cercanía con San Diego, California. Esta ubicación privilegiada les permitió establecer corredores eficientes para el trasiego de marihuana, heroína y posteriormente cocaína hacia el mercado estadounidense, el más lucrativo del mundo.
Los hermanos, originarios de Culiacán, Sinaloa, nacieron en el seno de una familia numerosa. Su padre, Benjamín Arellano Sánchez, y su madre, Alicia Isabel Félix Zazueta, criaron a once hijos en total. La conexión familiar con el narcotráfico vendría precisamente por el lado materno, a través del ya mencionado Miguel Ángel Félix Gallardo.
La era de terror en Tijuana
Durante su apogeo, el Cártel de Tijuana se caracterizó por su brutalidad sin precedentes. Ramón Arellano Félix, apodado “El Comandante Món” o “El Loco”, era temido incluso por otros capos del narcotráfico. Se le atribuyen personalmente decenas de asesinatos y la creación de escuadrones de sicarios que sembraron el terror en Baja California.
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El cártel reclutaba a jóvenes de colonias populares de Tijuana para conformar grupos de choque. Estos sicarios, muchos de ellos pandilleros que cruzaban la frontera, recibían entrenamiento paramilitar y eran utilizados para ejecutar a rivales, policías y cualquier persona que representara un obstáculo para la organización.
“Los Arellano Félix cambiaron las reglas del juego. Fueron los primeros en atacar directamente a las autoridades y en utilizar la violencia como mensaje público”
Análisis de especialistas en seguridad nacional
Uno de los episodios más oscuros atribuidos al cártel fue el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo el 24 de mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara. Aunque las circunstancias exactas siguen siendo motivo de controversia, las investigaciones señalaron que sicarios de los Arellano Félix estaban involucrados en el tiroteo donde perdió la vida el prelado católico.
Estructura y operaciones del cártel
La organización funcionaba como una empresa familiar con roles claramente definidos:
- Benjamín Arellano Félix: líder y administrador financiero del cártel
- Ramón Arellano Félix: jefe de sicarios y operaciones violentas
- Eduardo Arellano Félix: encargado de logística y transporte
- Francisco Javier Arellano Félix: operaciones en el extranjero
- Enedina Arellano Félix: lavado de dinero y finanzas
El cártel estableció alianzas con autoridades corruptas en todos los niveles de gobierno. Policías municipales, estatales y federales formaban parte de su nómina, lo que les garantizaba impunidad y acceso a información privilegiada sobre operativos en su contra.
La caída de los hermanos
El principio del fin para el Cártel de Tijuana llegó en febrero de 2002, cuando Ramón Arellano Félix fue abatido durante un enfrentamiento con policías en Mazatlán, Sinaloa. Apenas un mes después, en marzo del mismo año, Benjamín fue capturado en Puebla durante un operativo de la entonces Procuraduría General de la República.
La detención de Benjamín representó un golpe demoledor para la organización. Posteriormente, otros hermanos también fueron capturados o abatidos:
- 2006: Francisco Javier fue detenido en aguas internacionales por la Guardia Costera estadounidense
- 2008: Eduardo fue capturado en Tijuana por elementos del Ejército Mexicano
- Francisco Rafael: cumplió una sentencia en Estados Unidos y fue liberado en 2016
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Tras la caída de los hermanos varones, Enedina Arellano Félix, apodada “La Narcomami”, tomó el control de lo que quedaba de la organización. Se convirtió así en una de las pocas mujeres en liderar un cártel mexicano, aunque la estructura ya estaba severamente debilitada.
Legado criminal y situación actual
El Cártel de Tijuana dejó un legado de violencia que transformó la dinámica del narcotráfico mexicano. Fueron pioneros en el uso de la brutalidad extrema como herramienta de intimidación, una práctica que posteriormente adoptarían otras organizaciones criminales como Los Zetas y el Cártel Jalisco Nueva Generación.
Actualmente, los remanentes del CAF operan bajo el nombre de Cártel Arellano Félix o Nueva Generación de Tijuana, aunque su poder e influencia son apenas una sombra de lo que fueron en los años noventa. La plaza de Tijuana es hoy disputada por diversas facciones criminales, incluyendo células del Cártel de Sinaloa y del CJNG.
Contexto para los lectores mexicanos
La historia de los Arellano Félix es fundamental para comprender la evolución del crimen organizado en México. Su modelo de operación, basado en la violencia extrema, la corrupción institucional y el control territorial, sentó las bases para las organizaciones criminales que hoy operan en el país.
Para las autoridades mexicanas, el combate al narcotráfico sigue siendo uno de los principales desafíos de seguridad nacional. La Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Gobernación continúan implementando estrategias para contener a las organizaciones criminales que operan en territorio nacional.
La frontera norte de México, particularmente Tijuana, mantiene índices elevados de violencia relacionada con el narcotráfico. Las disputas por el control de rutas hacia Estados Unidos siguen cobrando vidas y afectando la vida cotidiana de miles de familias mexicanas que habitan en estas regiones.