Los autocines en México representan un capítulo entrañable en la historia del entretenimiento nacional. Aunque este formato cinematográfico tuvo su auge en décadas pasadas, la nostalgia que despierta entre distintas generaciones mantiene viva la posibilidad de un resurgimiento, particularmente en estados como Hidalgo, donde nunca logró consolidarse una oferta significativa de este tipo de espacios.
De acuerdo con especialistas en historia del cine mexicano, los autocines llegaron al país durante la década de 1950, inspirados en el modelo estadounidense que combinaba la comodidad del automóvil con la magia de la pantalla grande. Durante las décadas de 1960 y 1970, ciudades como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey contaron con establecimientos que se convirtieron en puntos de encuentro para familias y parejas.
La situación específica de Hidalgo
A diferencia de otras entidades del centro del país, Hidalgo no desarrolló una tradición significativa de autocines durante el siglo XX. Historiadores locales atribuyen esta ausencia a diversos factores, entre ellos la concentración de la oferta cinematográfica en las salas tradicionales de Pachuca y la falta de infraestructura vial adecuada en las décadas de mayor auge de este formato.
Las ciudades de Tulancingo, Tula y Actopan contaban con cines de sala tradicional que satisfacían la demanda de entretenimiento cinematográfico de la población. El modelo de autocine, que requería terrenos amplios en zonas periurbanas y una base considerable de propietarios de automóviles, no encontró las condiciones propicias para establecerse en territorio hidalguense.
Sin embargo, la memoria colectiva de quienes viajaban a la Ciudad de México o a estados vecinos para disfrutar de esta experiencia ha mantenido vivo el interés por este formato entre los hidalguenses de generaciones mayores.
El auge y declive de los autocines mexicanos
Durante su época dorada, México llegó a contar con más de 30 autocines distribuidos principalmente en el norte del país y en la zona metropolitana del Valle de México. El Autocinema Coyoacán, inaugurado en 1950, se convirtió en un referente cultural que operó durante varias décadas antes de cerrar sus puertas.
El declive de estos espacios comenzó en la década de 1980, impulsado por varios factores convergentes. La expansión de las cadenas de multiplex, el auge del video casero con formatos como VHS y posteriormente DVD, así como el incremento en el valor del suelo urbano, hicieron económicamente inviable mantener terrenos tan extensos dedicados exclusivamente a la proyección cinematográfica.
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Para finales del siglo XX, la mayoría de los autocines mexicanos habían cerrado definitivamente, dejando únicamente algunos ejemplos aislados que resistieron como curiosidades nostálgicas más que como negocios rentables.
Nostalgia y posible regreso del formato
Historiadores especializados en cultura popular señalan que el modelo de autocine mantiene un potencial de regreso significativo, impulsado por la creciente búsqueda de experiencias únicas fuera de casa. La pandemia de 2020 demostró que este formato podía adaptarse a nuevas circunstancias, cuando varios emprendimientos temporales surgieron en distintas ciudades mexicanas.
“El autocine ofrece algo que las salas tradicionales no pueden replicar: la intimidad del espacio propio combinada con una experiencia colectiva. Es un formato que apela a la nostalgia pero también a necesidades contemporáneas de entretenimiento diferenciado”
Historiador especializado en cultura cinematográfica mexicana
En Hidalgo, el crecimiento urbano de municipios como Mineral de la Reforma y la consolidación de la zona metropolitana de Pachuca han generado condiciones que anteriormente no existían. La expansión de centros comerciales y desarrollos habitacionales en zonas periféricas podría eventualmente facilitar la instalación de espacios de este tipo.
El turismo de pantalla como impulsor
El fenómeno del turismo de pantalla, que ha cobrado relevancia en Hidalgo gracias a producciones filmadas en el estado, podría complementarse con experiencias cinematográficas alternativas. Destinos como Ixmiquilpan y diversas localidades de la Sierra Hidalguense han aparecido en películas y series que impulsan visitas turísticas, generando un ecosistema favorable para propuestas de entretenimiento relacionadas con el cine.
La Secretaría de Cultura federal ha impulsado en años recientes programas de cine itinerante y proyecciones al aire libre en comunidades rurales, demostrando que existe público interesado en experiencias cinematográficas fuera de las salas convencionales.
El Gobierno de Hidalgo ha mostrado apertura hacia iniciativas culturales que diversifiquen la oferta de entretenimiento en el estado, particularmente aquellas que puedan generar derrama económica en municipios con potencial turístico.
Retos para una posible implementación
Los especialistas advierten que un eventual regreso de los autocines enfrentaría retos significativos en el contexto actual. Entre los principales desafíos se encuentran:
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- El alto costo del suelo en zonas urbanas consolidadas
- La competencia con plataformas de streaming que ofrecen contenido ilimitado desde casa
- Los requisitos de licenciamiento y derechos de exhibición cinematográfica
- La necesidad de infraestructura tecnológica moderna para proyección y audio
- Las condiciones climáticas variables en estados como Hidalgo
No obstante, experiencias exitosas en otros países demuestran que el modelo puede funcionar cuando se combina con servicios adicionales como gastronomía, eventos temáticos y programación especializada que no compita directamente con los estrenos de las grandes cadenas de cine.
Perspectivas para el entretenimiento hidalguense
El reciente éxito de transmisiones de eventos deportivos en cines tradicionales de Pachuca, que registraron llenos totales durante partidos del Mundial, demuestra que existe un público hidalguense ávido de experiencias colectivas de entretenimiento que vayan más allá de la proyección cinematográfica convencional.
Festivales como el Espanto Film Fest 2026 han contribuido a posicionar a Hidalgo como un destino con potencial para eventos cinematográficos alternativos, atrayendo a públicos especializados y generando cobertura mediática que beneficia al estado.
La combinación de nostalgia generacional, búsqueda de experiencias diferenciadas y el crecimiento de la infraestructura urbana en municipios hidalguenses configura un escenario que, según los analistas, podría eventualmente favorecer el surgimiento de proyectos de autocine o formatos híbridos de entretenimiento al aire libre.
Mientras tanto, los hidalguenses que deseen revivir la experiencia del autocine deberán trasladarse a los escasos establecimientos que operan en la Ciudad de México y el Estado de México, o esperar a que algún emprendedor local decida apostar por este formato que, pese a los años, mantiene un lugar especial en la memoria colectiva del entretenimiento mexicano.