Robert De Niro tenía algo que prácticamente cualquier empresario habría querido para lanzar un negocio: un nombre que no necesitaba demasiada presentación. Después de todo, hablamos de uno de los actores más reconocidos de Hollywood, pero cuando decidió entrar al mundo de los restaurantes en 1994, no puso “De Niro” en la puerta: puso “Nobu”.
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Nobu abrió en 1994 en Tribeca, Nueva York, y su primer hotel llegó hasta 2013 con el Nobu Hotel Caesars Palace en Las Vegas.
La decisión terminó siendo mucho más importante de lo que parecía. Lo que comenzó como un restaurante japonés en Nueva York terminó convirtiéndose en una marca internacional de lujo que hoy está presente con hoteles, restaurantes y residencias en distintas partes del mundo.
Según un análisis de la revista especializada La Revue des Hôtels, Nobu Hospitality reúne actualmente 46 hoteles, 57 restaurantes y 20 residencias de marca. Y detrás de esas cifras hay una historia que empieza mucho antes de los hoteles de lujo: con Robert De Niro entrando a un restaurante en Los Ángeles y tratando de convencer a un chef japonés de mudarse a Nueva York.
Todo empezó con un chef japonés y una insistencia de años
Antes de que existiera Nobu como marca internacional, Nobu Matsuhisa ya tenía un restaurante en Los Ángeles. Robert De Niro lo visitó a finales de los años 80, quedó impresionado con su cocina y comenzó a insistirle para que llevara su propuesta a Nueva York.
Matsuhisa tardó varios años en aceptar. Finalmente, en 1994, ambos se asociaron con el empresario y productor Meir Teper para abrir Nobu en Tribeca, Manhattan. La propia compañía reconoce a De Niro, Matsuhisa y Teper como sus cofundadores.
El restaurante tampoco buscaba simplemente reproducir la cocina japonesa tradicional. Matsuhisa había desarrollado una propuesta propia a partir de sus experiencias en distintos países, incluidos los años que pasó en Perú, y esa mezcla terminó convirtiéndose en una de las características que distinguieron a Nobu frente a otros restaurantes japoneses.
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De Niro había encontrado algo que quería llevar a Nueva York. Lo que todavía no sabía era que también había encontrado el comienzo de un negocio que terminaría siendo muchísimo más grande que un restaurante.
De restaurantes a hoteles: la expansión del imperio
Durante años, Nobu creció como restaurante. La marca comenzó a aparecer en distintas ciudades y se convirtió en un lugar asociado con celebridades, empresarios y viajeros que buscaban una experiencia gastronómica de alto nivel, pero entonces apareció una nueva oportunidad: llevar ese concepto fuera del restaurante.
De Niro observó que algunos hoteles que incorporaban restaurantes Nobu funcionaban particularmente bien. La gente no solamente iba a comer; el restaurante también comenzaba a formar parte de la experiencia del propio hotel, y ahí apareció una pregunta bastante lógica: ¿qué pasaría si toda esa experiencia pudiera pertenecer a la misma marca?
La respuesta llegó en 2013, cuando Nobu Hotel Caesars Palace, en Las Vegas, se convirtió en el primer hotel de la marca. La lógica era sencilla: si una persona ya asociaba Nobu con cierto tipo de comida, diseño y servicio, también podía hacerlo con una habitación de hotel.
A partir de ahí, Nobu dejó de ser solamente el nombre de un restaurante. La marca empezó a expandirse hacia la hospitalidad y encontró una nueva forma de monetizar algo que ya había construido durante años: la experiencia alrededor de su nombre.
El modelo de negocio: experiencia completa
Lo que distingue a Nobu de otros negocios hoteleros es que no empezó como cadena hotelera intentando hacer buenos restaurantes, sino al revés. La marca ya tenía décadas de reputación en gastronomía antes de abrir su primer hotel, lo que le permitió entrar al mercado de hospitalidad con una identidad ya consolidada.
Este modelo resulta particularmente exitoso en destinos turísticos de lujo, donde los visitantes buscan experiencias integrales que combinen hospedaje, gastronomía y un ambiente distintivo. Nobu capitalizó esa tendencia al ofrecer todo bajo una misma marca reconocible.
De Nueva York a todo el mundo: presencia en cinco continentes
Hoy Nobu está muy lejos de aquel primer restaurante de Tribeca. Según la cartera de la marca, su expansión ya alcanza ciudades como Las Vegas, Londres, Barcelona, Chicago, Madrid, Roma, Toronto, Varsovia, Marbella, Marrakech, Miami Beach y San Sebastián, además de destinos turísticos como Ibiza y Los Cabos.
Lo que empezó como una apuesta gastronómica en Manhattan terminó convertido en una marca de hospitalidad con presencia internacional que abarca prácticamente todos los continentes.
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México en el mapa de Nobu
México también forma parte de esa expansión. En Los Cabos, Nobu opera un hotel frente al mar que combina hospedaje, restaurantes y el concepto general de la marca. Además, la compañía contempla un proyecto residencial en Tulum, una señal de que el negocio ya no se limita a llevar el restaurante a nuevas ciudades, sino que busca convertir el nombre Nobu en una experiencia completa.
La presencia en destinos mexicanos como Los Cabos y Tulum responde a la estrategia de ubicarse en zonas turísticas de alto poder adquisitivo, donde la marca puede atraer tanto a visitantes internacionales como a consumidores locales que buscan experiencias premium.
Y todavía hay proyectos en camino. Entre ellos aparece Nobu Beach Inn Barbuda, que contempla 36 habitaciones, villas privadas, restaurante, club de playa y spa. De acuerdo con la cartera de proyectos de la compañía, su finalización está prevista para finales de 2026.
Más que comida: la evolución de un imperio empresarial
Ahí está precisamente la evolución del negocio: Nobu ya no vende solamente comida. Dependiendo del destino, puede vender una cena, una habitación, una residencia o incluso un estilo de vida completo asociado con la marca.
El caso de Robert De Niro con Nobu ilustra cómo una celebridad puede construir un negocio exitoso más allá de su carrera original. A diferencia de muchos otros actores que prestan su nombre a productos sin involucrarse realmente, De Niro participó activamente en la construcción de la marca desde sus inicios, asociándose con profesionales especializados y apostando por la calidad antes que por la expansión rápida.
El modelo también muestra la importancia de la diferenciación. En lugar de abrir un restaurante italiano genérico o poner su apellido en la fachada, De Niro apostó por una propuesta gastronómica única, con un chef reconocido y un concepto que mezclaba influencias japonesas y peruanas de manera innovadora para la época.
Tres décadas después de aquel primer restaurante en Tribeca, Nobu se ha convertido en sinónimo de lujo accesible: una marca premium que mantiene exclusividad pero que ha sabido expandirse sin perder su identidad. Para los viajeros mexicanos que visitan destinos como Los Cabos, Nobu representa una opción de hospitalidad de nivel internacional con raíces en una historia empresarial poco convencional: la de un actor de Hollywood que supo ver más allá de la pantalla.