Cuando Rey salió de Corea del Sur con una maleta y la idea de aprender español, jamás imaginó que San Andrés Cholula se convertiría en su hogar permanente. Llegó como estudiante de idiomas, pero la calidez de los poblanos y la tranquilidad de las calles empedradas lo convencieron de echar raíces en territorio mexicano.
Su historia forma parte de La Otra Migración, un fenómeno cada vez más visible en Puebla: extranjeros que arriban por motivos académicos o laborales y terminan integrándose a la vida cotidiana de los municipios metropolitanos.
Del país del K-pop a la tierra de los volcanes
Rey tomó la decisión de viajar a México después de investigar opciones para estudiar español en Latinoamérica. Aunque países como España o Argentina estaban en su radar, eligió Puebla por recomendaciones de otros estudiantes asiáticos que habían tenido experiencias positivas en la región.
La elección no fue al azar. San Andrés Cholula alberga instituciones educativas de prestigio, una comunidad estudiantil diversa y una oferta cultural que mezcla tradición prehispánica con vida universitaria contemporánea. Para un joven coreano acostumbrado a las megaciudades asiáticas, el ritmo pausado de Cholula representó un cambio refrescante.
“La gente es muy amable, siempre me saludan”
Rey, migrante surcoreano en Cholula
Esa sencilla observación resume lo que muchos extranjeros destacan al hablar de Puebla: la hospitalidad cotidiana. Un saludo en la tienda de la esquina, una plática espontánea en el mercado o la disposición de los vecinos para ayudar a quien apenas balbucea el idioma.
El proceso de integración de un coreano en Cholula
Adaptarse a una cultura tan distinta no ocurre de la noche a la mañana. Rey enfrentó los retos típicos de cualquier migrante: la barrera del idioma, las diferencias gastronómicas, los códigos sociales que solo se aprenden con el tiempo. Sin embargo, encontró en la comunidad cholulteca un entorno receptivo que facilitó su transición.
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Los primeros meses fueron de aprendizaje intensivo. Además de las clases formales de español, Rey practicaba con comerciantes locales, compañeros de casa y cualquier persona dispuesta a conversar. El municipio de San Andrés Cholula, con su mezcla de residentes locales, estudiantes foráneos y comunidad internacional, ofreció un ambiente propicio para esta inmersión lingüística.
Con el paso de los meses, el joven coreano no solo dominó el español mexicano —con todo y modismos poblanos—, sino que desarrolló un apego genuino por las tradiciones locales. Las fiestas patronales, la gastronomía regional y el paisaje dominado por el Popocatépetl se volvieron parte de su nueva identidad.
Experiencias positivas y desafíos en territorio poblano
Como todo proceso migratorio, la experiencia de Rey incluye momentos luminosos y episodios complicados. Entre lo positivo destaca la facilidad para hacer amistades, la riqueza cultural de la zona y el costo de vida accesible comparado con Seúl o ciudades europeas donde también se estudia español.
Los desafíos, por su parte, van desde trámites burocráticos hasta la nostalgia familiar. Mantener el contacto con su familia en Corea del Sur implica lidiar con diferencias horarias de 14 horas y la distancia emocional que ninguna videollamada logra eliminar por completo.
Aun así, Rey encontró en Cholula una segunda familia. Vecinos que lo invitan a comer, amigos que lo acompañan en fechas importantes y una comunidad que celebra su presencia en lugar de verlo como un extraño.
Migración asiática en Puebla: un fenómeno en crecimiento
La historia de Rey no es aislada. Puebla ha registrado un incremento gradual de residentes provenientes de Asia, particularmente de Corea del Sur, China y Japón. Algunos llegan por intercambios académicos, otros por oportunidades laborales vinculadas a la industria automotriz y manufacturera que caracteriza a la región.
El Gobierno de Puebla ha reconocido esta diversificación demográfica como una oportunidad para fortalecer lazos comerciales y culturales con países asiáticos. La presencia de empresas surcoreanas y japonesas en el corredor industrial Puebla-Tlaxcala ha generado una pequeña pero visible comunidad de expatriados que contribuyen a la economía local.
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En San Andrés Cholula específicamente, la combinación de universidades, zonas residenciales seguras y oferta gastronómica internacional ha convertido al municipio en un polo atractivo para extranjeros que buscan calidad de vida sin las complicaciones de una gran metrópoli.
Qué significa la otra migración para los poblanos
Cuando se habla de migración en México, la conversación suele centrarse en los flujos hacia Estados Unidos o en las caravanas centroamericanas que atraviesan el país. Sin embargo, existe la otra migración: personas de Europa, Asia y otras regiones de América que eligen México como destino, no como punto de paso.
Para los residentes de Cholula, Atlixco o Puebla capital, esta diversidad representa intercambio cultural en ambas direcciones. Restaurantes coreanos que coexisten con fondas tradicionales, estudiantes asiáticos que participan en las festividades del 5 de mayo, profesionales extranjeros que se involucran en proyectos comunitarios.
Rey, con su historia de llegada casual y permanencia deliberada, ejemplifica cómo la hospitalidad poblana puede transformar a un visitante temporal en un vecino comprometido. Su decisión de quedarse habla tanto de su propia búsqueda personal como de las cualidades de una comunidad que sabe acoger.
Mientras las políticas migratorias globales se endurecen y los discursos antiinmigrantes ganan terreno en diversas latitudes, historias como la de este joven coreano en Cholula recuerdan que la movilidad humana también puede ser motivo de enriquecimiento mutuo. A veces, alguien cruza el mundo buscando aprender un idioma y termina encontrando un lugar al que llamar hogar.