Mujeres en Puebla: matrimonio y pobreza frenan su desarrollo profesional

Un estudio de la BUAP revela que en cinco juntas auxiliares las mujeres superan a los hombres en educación, pero factores sociales las excluyen del mercado laboral

Las mujeres en Puebla enfrentan una paradoja que refleja las profundas desigualdades de género en el estado: aunque igualan o superan a los hombres en niveles educativos, el matrimonio, la pobreza y el desempleo las expulsan del mercado laboral y frenan su desarrollo profesional. Así lo revela un estudio reciente de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), que analizó la situación en cinco juntas auxiliares del municipio de Puebla capital.

La investigación se concentró en las comunidades de Azumiatla, Chautla, San Baltazar Tetela, Tecola y Zacachimalpa, localidades con alta presencia de población de origen indígena y donde las brechas históricas por género e identidad étnica se hacen más evidentes.

Mayoría femenina en las aulas, pero solo hasta la preparatoria

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que las mujeres representan la mayoría en las aulas desde la educación básica hasta el bachillerato. En estas comunidades rurales y semiurbanas de Puebla, las jóvenes demuestran un compromiso notable con su formación académica, muchas veces superando a sus compañeros varones en aprovechamiento y permanencia escolar.

Sin embargo, al llegar a la educación universitaria, la tendencia se invierte drásticamente. Los factores económicos y sociales comienzan a pesar más que la voluntad individual: muchas jóvenes abandonan sus estudios superiores para atender responsabilidades familiares, casarse o contribuir con labores domésticas no remuneradas.

Este fenómeno no es exclusivo de Puebla. A nivel nacional, datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) han documentado que la tasa de abandono escolar entre mujeres aumenta significativamente en el paso de preparatoria a licenciatura, especialmente en zonas rurales e indígenas.

Títulos que nunca se ejercen

Quizá el dato más revelador del análisis de la BUAP es el de las mujeres con títulos profesionales que nunca ejercen. En las cinco juntas auxiliares estudiadas, un porcentaje considerable de egresadas universitarias permanece fuera del mercado laboral formal.

Las razones son múltiples y se entrelazan: la falta de oportunidades de empleo en sus comunidades, la presión social para dedicarse al hogar tras contraer matrimonio, y la ausencia de servicios de cuidado infantil que les permitan conciliar la vida laboral con la maternidad.

En palabras de los investigadores, se trata de “logros académicos que no se reflejan en el empleo”, una situación que perpetúa el ciclo de pobreza y dependencia económica de las mujeres respecto a sus parejas o familias.

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El matrimonio como punto de quiebre

El estudio identifica al matrimonio como uno de los factores determinantes en la exclusión laboral femenina. En las comunidades analizadas, persisten normas culturales que asignan a las mujeres casadas el rol exclusivo de cuidadoras del hogar y los hijos.

Esta situación se agrava cuando las mujeres contraen matrimonio a edades tempranas. En Azumiatla y Zacachimalpa, por ejemplo, no es infrecuente encontrar casos de uniones antes de los 20 años, lo que interrumpe trayectorias educativas y laborales que apenas comenzaban.

La investigación subraya que no se trata de condenar el matrimonio como institución, sino de señalar cómo las estructuras sociales y económicas lo convierten en una barrera para el desarrollo profesional de las mujeres en Puebla, especialmente en contextos de marginación.

Pobreza y origen indígena: una doble discriminación

Las cinco juntas auxiliares donde se realizó el estudio comparten características de alta marginación y presencia de población con identidad indígena. Esta condición añade una capa adicional de discriminación que enfrentan las mujeres de estas comunidades.

Las investigadoras de la BUAP documentaron lo que denominan una “brecha histórica por origen e identidad indígena”, que se manifiesta en menores oportunidades de acceso a empleos formales, salarios más bajos cuando logran insertarse al mercado laboral, y mayor vulnerabilidad ante situaciones de violencia económica.

En el contexto poblano, donde según el último censo habitan más de 600 mil personas que se identifican como indígenas, estos hallazgos cobran especial relevancia para el diseño de políticas públicas focalizadas.

Avance en las aulas, retroceso en el mercado laboral

El diagnóstico de la BUAP confirma una tendencia preocupante: mientras las mujeres avanzan en el terreno educativo, retroceden o se estancan en el ámbito laboral. Esta desconexión entre formación académica y empleo representa no solo una pérdida para las propias mujeres, sino también para la economía regional.

Estudios del Banco Mundial han estimado que cerrar la brecha de género en el empleo podría aumentar el Producto Interno Bruto (PIB) de países como México hasta en un 25 por ciento. En el caso de Puebla, aprovechar el talento y la formación de las mujeres que hoy permanecen fuera del mercado laboral podría traducirse en un impulso significativo para la economía estatal.

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¿Qué pueden hacer las autoridades?

El Gobierno de Puebla, encabezado por Alejandro Armenta, enfrenta el reto de traducir estos diagnósticos en acciones concretas. Entre las propuestas que han planteado especialistas y organizaciones civiles destacan:

  • Ampliación de la red de estancias infantiles en comunidades rurales para facilitar que las madres puedan trabajar o estudiar.
  • Programas de empleo temporal y capacitación técnica dirigidos específicamente a mujeres de zonas marginadas.
  • Campañas de sensibilización comunitaria sobre la importancia de la igualdad de género y el derecho de las mujeres a desarrollarse profesionalmente.
  • Incentivos fiscales para empresas que contraten a mujeres de comunidades indígenas o de alta marginación.
  • Becas universitarias con apoyo adicional para gastos de transporte y manutención, que reduzcan el abandono escolar femenino.

La Secretaría de las Mujeres del gobierno federal, a cargo de Citlalli Hernández, también ha puesto énfasis en la necesidad de articular esfuerzos entre los tres niveles de gobierno para atender las brechas de género en el empleo.

Un llamado a la acción desde la academia

El estudio de la BUAP no pretende quedarse en el diagnóstico. Los investigadores han hecho un llamado a las autoridades municipales y estatales para que utilicen estos datos como base para el diseño de políticas públicas que atiendan las causas estructurales de la exclusión laboral femenina.

Para las mujeres de Azumiatla, Chautla, San Baltazar Tetela, Tecola y Zacachimalpa, el mensaje es claro: no basta con que estudien más y mejor si las condiciones sociales y económicas las siguen expulsando del mercado de trabajo. El desarrollo profesional de las mujeres en Puebla requiere un cambio cultural profundo, acompañado de inversión pública y voluntad política.


Los resultados de esta investigación se suman a un creciente cuerpo de evidencia que documenta las barreras que enfrentan las mujeres mexicanas para alcanzar la igualdad sustantiva. En un estado como Puebla, con profundas raíces indígenas y contrastes socioeconómicos marcados, la tarea de cerrar estas brechas es tan urgente como compleja.

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