Atlas de Riesgo en valle de Tehuacán: solo 6 municipios lo tienen y están desactualizados

De los 21 municipios que conforman la región del valle de Tehuacán y la Sierra Negra, apenas seis cuentan con este instrumento de planeación territorial, y la mayoría tiene información obsoleta que data de hace más de una década.

La región del valle de Tehuacán y la Sierra Negra enfrenta un problema silencioso pero potencialmente devastador: de los 21 municipios que la conforman, apenas seis cuentan con Atlas de Riesgo, y la mayoría de estos documentos están desactualizados, según datos de la plataforma del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).

El Atlas de Riesgo es un instrumento técnico fundamental para la planeación territorial y la prevención de desastres. Sin él, los gobiernos municipales carecen de información precisa sobre zonas vulnerables a inundaciones, deslaves, hundimientos o cualquier otro fenómeno que ponga en peligro a la población.

Tehuacán, cabecera regional y el municipio más poblado de la zona con más de 300 mil habitantes, es el único que actualizó su Atlas de Riesgo en 2021. Sin embargo, en la plataforma oficial del Cenapred aparece todavía catalogado como desactualizado, lo que genera confusión sobre el estado real de este documento.

¿Por qué importa tener un Atlas de Riesgo actualizado?

Un Atlas de Riesgo desactualizado es casi tan problemático como no tenerlo. Las condiciones del territorio cambian con el tiempo: nuevas construcciones, modificaciones en cauces de ríos, deforestación, cambios en el uso de suelo y el impacto del cambio climático alteran constantemente los escenarios de riesgo.

En la práctica, esto significa que los municipios del valle de Tehuacán y la Sierra Negra podrían estar autorizando construcciones en zonas de alto riesgo, o bien, careciendo de planes de evacuación adecuados para emergencias.

“Sin un Atlas de Riesgo actualizado, las autoridades municipales operan prácticamente a ciegas en materia de protección civil”

Especialistas en gestión de riesgos

La situación cobra relevancia especial en una región como la Sierra Negra, donde la orografía accidentada y los patrones de lluvia intensos durante la temporada de tormentas representan amenazas constantes para comunidades asentadas en laderas y cañadas.

Puebla entre las entidades con mayores deficiencias

El problema del Atlas de Riesgo en el valle de Tehuacán no es un caso aislado. Recientemente, el Instituto para la Gestión, Administración y Vinculación Municipal (Igavim) ubicó a Puebla entre las entidades con más deficiencias en la actualización de estos instrumentos de planeación a nivel nacional.

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De acuerdo con datos del propio Cenapred, un porcentaje significativo de los 217 municipios poblanos carece de Atlas de Riesgo o cuenta con documentos elaborados hace más de una década, cuando las condiciones del territorio eran muy distintas.

Esta deficiencia estructural se refleja cada temporada de lluvias. Año con año, las mismas colonias y comunidades se inundan, los mismos caminos se vuelven intransitables y las mismas familias pierden sus pertenencias. Como señalan los especialistas: cada tormenta deja la misma historia porque los gobiernos no cuentan con la información necesaria para prevenir.

El caso de Huauchinango marca el camino

En contraste con la situación del valle de Tehuacán, el municipio de Huauchinango, en la Sierra Norte de Puebla, anunció recientemente que dejará de autorizar construcciones en zonas de alto riesgo. Esta decisión, aunque tardía, representa un cambio de paradigma en la gestión territorial municipal.

La medida surge precisamente de una actualización de su Atlas de Riesgo, que identificó áreas donde históricamente se han registrado deslaves e inundaciones. Ahora, cualquier solicitud de licencia de construcción en esas zonas será rechazada automáticamente.

Este ejemplo podría servir como referencia para los municipios del valle de Tehuacán y la Sierra Negra, donde la presión por urbanizar terrenos —muchas veces sin considerar su vulnerabilidad— ha generado asentamientos en condiciones precarias de seguridad.

¿Qué se necesita para actualizar un Atlas de Riesgo?

Elaborar o actualizar un Atlas de Riesgo municipal requiere recursos técnicos y financieros que muchos ayuntamientos pequeños simplemente no tienen. El proceso implica:

  • Estudios geológicos e hidrológicos del territorio
  • Análisis de datos históricos de desastres
  • Mapeo detallado de zonas vulnerables
  • Identificación de infraestructura crítica expuesta
  • Censos de población en áreas de riesgo
  • Elaboración de escenarios y planes de contingencia

El costo de estos estudios puede superar el millón de pesos, una cifra prohibitiva para municipios con presupuestos anuales limitados. Por ello, especialistas han insistido en que el Gobierno de Puebla debería destinar recursos específicos para apoyar a los ayuntamientos en esta tarea.

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Temporada de lluvias: el riesgo latente

Con la temporada de lluvias en pleno desarrollo durante estos meses de julio y agosto de 2026, la ausencia de Atlas de Riesgo actualizados en la mayoría de los municipios del valle de Tehuacán cobra especial urgencia.

Las tormentas intensas que caracterizan esta época del año pueden provocar crecidas repentinas de ríos y arroyos, saturación de drenajes y deslizamientos en zonas serranas. Sin información precisa sobre las áreas más vulnerables, las autoridades de Protección Civil operan en modo reactivo: atienden emergencias en lugar de prevenirlas.

La situación es particularmente delicada en comunidades de la Sierra Negra, donde muchos asentamientos se ubican en laderas pronunciadas con suelos inestables. Un evento de lluvia extraordinaria podría desencadenar tragedias que, con información adecuada, serían prevenibles.


Lo que viene: una deuda pendiente

La actualización de los Atlas de Riesgo en el valle de Tehuacán y la Sierra Negra representa una deuda pendiente que las administraciones municipales deberán atender más temprano que tarde. El gobernador Alejandro Armenta ha impulsado diversos programas de infraestructura y bienestar en la región, pero la gestión integral de riesgos sigue siendo un tema rezagado.

Para los habitantes de estos 21 municipios, la falta de planeación territorial no es un tema abstracto: se traduce en calles inundadas, casas dañadas y, en el peor de los casos, pérdida de vidas humanas. Mientras los Atlas de Riesgo sigan desactualizados o inexistentes, la historia se repetirá cada temporada de lluvias.

La pelota está en la cancha de los presidentes municipales, quienes deberán decidir si destinan recursos a este instrumento de planeación o si continúan administrando el territorio sin conocer realmente sus vulnerabilidades. En la próxima tormenta, la diferencia podría ser crucial.

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