Deterioro de bosques en Hidalgo amenaza recolección de hongos silvestres

Recolectores deben caminar más de una hora para encontrar especies comestibles debido a la degradación forestal en la entidad

La degradación de los bosques en Hidalgo está poniendo en riesgo una tradición centenaria y una fuente de ingresos para cientos de familias: la recolección de hongos silvestres. Debido a la reducción de las zonas forestales donde prosperan estas especies, los recolectores ahora deben caminar hasta una hora o más para obtener los ejemplares que antes encontraban cerca de sus comunidades.

Esta problemática afecta principalmente a comunidades de la Sierra Alta, la Sierra Otomí-Tepehua y zonas boscosas de municipios como Epazoyucan, Omitlán de Juárez, Mineral del Chico y Acaxochitlán, donde la micología tradicional forma parte integral de la cultura y economía local durante la temporada de lluvias.

Una tradición amenazada por la deforestación

Los hongos silvestres en Hidalgo representan mucho más que un ingrediente gastronómico. Para las comunidades serranas, constituyen una fuente de sustento económico que puede generar ingresos de entre 500 y 2,000 pesos semanales por familia durante los meses de julio a septiembre, cuando las lluvias propician el crecimiento de estas especies.

Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente en las últimas dos décadas. Donde antes bastaba con caminar 15 o 20 minutos desde las comunidades para llenar canastas con hongos comestibles, ahora los recolectores deben adentrarse cada vez más en las zonas altas de los bosques, recorriendo distancias que superan los 5 kilómetros en terrenos accidentados.

Las causas de este deterioro son múltiples: la tala clandestina, los incendios forestales, el cambio de uso de suelo para actividades agrícolas y ganaderas, así como los efectos del cambio climático que han alterado los patrones de lluvia necesarios para el desarrollo de los hongos.

Impacto económico y cultural en las comunidades

La recolección de hongos silvestres en Hidalgo tiene profundas raíces prehispánicas. Los pueblos originarios de la región han transmitido durante generaciones el conocimiento sobre las especies comestibles, sus propiedades medicinales y las técnicas de recolección sustentable que permiten que los hongos vuelvan a crecer año con año.

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Entre las especies más valoradas en los mercados hidalguenses se encuentran los hongos de llano, los clavitos, las patas de pájaro, los tecomates y los codiciados hongos azules, cuyo precio puede alcanzar hasta 150 pesos por kilogramo en los tianguis de Pachuca, Tulancingo y la Ciudad de México.

El Gobierno de Hidalgo ha promovido festivales y rutas gastronómicas para impulsar el consumo de hongos silvestres, como el tradicional Festival del Hongo de Epazoyucan que cada año atrae a miles de visitantes. No obstante, estos esfuerzos de promoción turística contrastan con la realidad que enfrentan quienes dependen de la recolección.

Situación forestal en la entidad

Según datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Hidalgo cuenta con aproximadamente 500 mil hectáreas de superficie forestal, de las cuales cerca del 60 por ciento presenta algún grado de perturbación. Los bosques de oyamel, encino y pino, hábitat natural de la mayoría de los hongos comestibles, son los más afectados.

Durante los últimos cinco años, la entidad ha registrado un promedio de 300 incendios forestales anuales, muchos de ellos provocados por quemas agrícolas que se salen de control. Estas conflagraciones no solo destruyen la cobertura vegetal, sino que alteran las condiciones del suelo necesarias para el desarrollo del micelio, la red subterránea de la que brotan los hongos.

La tala ilegal también representa una amenaza constante. Aunque las autoridades han implementado operativos de vigilancia, las comunidades reportan que continúa la extracción clandestina de madera en zonas de difícil acceso, lo que reduce progresivamente las áreas donde los hongos pueden prosperar.

Alternativas y acciones de conservación

Ante esta situación, algunas comunidades han comenzado a implementar estrategias de conservación y manejo sustentable de sus recursos forestales. En municipios como Mineral del Chico y Acaxochitlán, ejidatarios han establecido zonas de veda donde se prohíbe la recolección para permitir la regeneración natural de los hongos.

Asimismo, instituciones académicas como la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo han desarrollado proyectos de investigación para identificar especies de hongos con potencial de cultivo controlado, lo que podría reducir la presión sobre las poblaciones silvestres y generar una fuente de ingresos más estable para las familias recolectoras.

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El Festival Broto, que se realiza durante la temporada de lluvias, ha incluido en sus ediciones recientes talleres de educación ambiental y recolección responsable, buscando crear conciencia entre visitantes y locales sobre la importancia de preservar los ecosistemas forestales.

Lo que viene para los recolectores hidalguenses

La temporada de hongos silvestres 2026 se encuentra en su punto más alto y se extenderá hasta finales de septiembre, dependiendo de las condiciones climáticas. Para los recolectores, cada año representa una incógnita: las lluvias determinarán la abundancia de hongos, pero el estado de los bosques definirá qué tan lejos deberán caminar para encontrarlos.

Las comunidades recolectoras esperan que las autoridades estatales y federales refuercen los programas de reforestación y combate a la tala ilegal. Sin acciones concretas de conservación, advierten, la tradición de la recolección de hongos silvestres podría desaparecer en una o dos generaciones, llevándose consigo conocimientos ancestrales invaluables.

Para quienes deseen apoyar a los recolectores locales, el Festival del Hongo de Epazoyucan y los tianguis tradicionales de la región ofrecen la oportunidad de adquirir hongos silvestres directamente de las familias que los cosechan, contribuyendo así a una economía que ha sustentado a las comunidades serranas de Hidalgo durante siglos.


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