Un conjunto de arte rupestre de hasta 4,000 años de antigüedad, hallado en el Cerro El Venado, en la zona limítrofe entre Atotonilco de Tula, Tula de Allende y Tepeji del Río, obligó a modificar el trazo original del Tren México-Querétaro para proteger el sitio.
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Los petrograbados de El Venado, de hasta 4,000 años de antigüedad, llevaron a mover el trazo del Tren México-Querétaro por instrucción presidencial en octubre de 2025.
Dieciséis elementos entre petrograbados y pinturas rupestres
El hallazgo, registrado como el sitio 77 dentro del Proyecto de Rescate Arqueológico del Tren México-Querétaro, se localizó el 3 de enero de 2026 en las inmediaciones del río Tula y la presa Requena. Especialistas del INAH identificaron 16 elementos entre petrograbados y pinturas rupestres, con representaciones antropomorfas y zoomorfas; algunas figuras corresponden a la época prehistórica, mientras que otras se asocian al periodo Posclásico y, de acuerdo con reportes especializados, algunas guardan relación con representaciones de Tláloc, deidad mesoamericana ligada al agua y la lluvia.
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Un tramo con 141 sitios y 31 rescates arqueológicos
El corredor ferroviario entre la Ciudad de México y Querétaro, de aproximadamente 226 kilómetros, registró en total 141 sitios con elementos culturales, de los cuales 31 fueron objeto de estudio y rescate arqueológico detallado. El Cerro El Venado se convirtió en uno de los puntos más sensibles de todo el trazado por la densidad y antigüedad de sus vestigios.
La orden que cambió el trazo del tren
Ante la relevancia del hallazgo, el proyecto ferroviario ajustó su trazo original para evitar afectaciones directas a la zona, una modificación que, de acuerdo con reportes periodísticos, se realizó por instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum en octubre de 2025. Las labores de salvamento arqueológico en el corredor habían iniciado en 2023, pero fue hasta el hallazgo de los petrograbados de El Venado cuando se decidió replantear parte de la ruta.
Vestigios de la presencia mexica en el valle de Tula
Además del arte rupestre, el INAH documentó en El Venado fragmentos cerámicos, figurillas y evidencias de cimentaciones correspondientes al periodo Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), asociadas al dominio mexica en la región. La combinación de vestigios de distintas épocas, desde el arte rupestre más antiguo hasta la ocupación mexica, convierte a este cerro en una pieza clave para entender la secuencia de asentamientos humanos en el valle de Tula a lo largo de miles de años.
Las labores de documentación y rescate en el sitio continúan bajo la supervisión del INAH, como parte de una política institucional que busca equilibrar el avance de la infraestructura ferroviaria con la protección del patrimonio arqueológico nacional.