La violencia tras la muerte de ‘El Mencho’: un golpe que no puede ignorar el sector empresarial

Eduardo Rivera Santamaría, CEO de Global Media Internacional Services. Autor de la columna Conexión Global Eduardo Rivera Santamaría, CEO de Global Media Internacional Services. Autor de la columna Conexión Global
Foto: Grupo Hoy

Este fin de semana México vivió un estremecimiento que no se registra con frecuencia: se abatió a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), durante un operativo de fuerzas federales en Tapalpa, Jalisco. Este hecho desencadenó una ola de violencia en la entidad y en otros estados del país, con bloqueos, incendios y ataques a comercios como parte de represalias de células criminales tras la confirmación del fallecimiento.

La noticia tuvo consecuencias inmediatas: se cancelaron vuelos y eventos masivos en la entidad, los comercios cerraron temporalmente, y los bancos, centros comerciales y unidades de servicios quedaron vulnerables y bajo riesgo, lo que obliga a cualquier empresario a repensar su operación en un país donde la normalidad puede desaparecer en cuestión de horas. Aunque, no todo en este episodio de violencia puede leerse solo como caos. Hay quienes han destacado, y me sumo a ellos, la labor de las fuerzas que actuaron en el operativo: la Secretaría de la Defensa Nacional, el Ejército mexicano, la Guardia Nacional y la Fuerza Aérea, por su papel en la operación y por la coordinación con Gobiernos estatales durante los momentos más críticos.

Para cualquier persona con dinero en la mesa, la violencia que vivimos en Jalisco significa que cuando una ciudad que se prepara para eventos de gran escala entra en crisis de este calibre, la confianza de inversionistas extranjeros y nacionales se resiente. Nada asusta más al inversionista que la falta de garantías físicas y jurídicas. México tiene reputación de crecimiento prometedor, pero también de vulnerabilidades severas en materia de seguridad. Los capitales no permanecen donde los bienes pueden ser destruidos sobre la marcha, y menos cuando afectan infraestructura financiera o de servicios.

Por otro lado, la ciudad de Guadalajara será una de las sedes de la Copa del Mundo de la FIFA 2026. Que una metrópoli con esa responsabilidad pase por una crisis de violencia de esta magnitud pocos meses antes del evento es una advertencia para todos los actores económicos involucrados. Los costos de organizar y operar eventos internacionales se basan en la idea de seguridad mínima, movilidad fluida, turismo activo y percepción de estabilidad.

Turistas internacionales, especialmente provenientes de mercados como Estados Unidos y Europa, observan estos sucesos con preocupación real. Las advertencias de gobiernos extranjeros y la cancelación de vuelos directos a destinos turísticos son claros indicadores de que la percepción de seguridad importa tanto como la realidad misma.

La Secretaría de Turismo, encabezada por Josefina Rodríguez Zamora, cuyo trabajo en ferias internacionales como la Fitur 2026 proyectó de forma excelente a México como destino seguro y atractivo, enfrenta ahora un reto. Tras lo alcanzado con promoción global, acuerdos de inversión y campañas de imagen para atraer turistas está en riesgo si los viajes internacionales siguen cancelándose y los visitantes perciben a México como un lugar peligroso.

En turismo, una crisis de percepción puede costar meses, sino años, de esfuerzos de recuperación. El impacto de errores de seguridad que llevan a anuncios de “quédese en su casa” por parte de embajadas o cancelaciones de operaciones aéreas puede derribar la demanda vacacional en regiones enteras.

El mensaje para el empresariado mexicano es brutal pero claro: no se puede expandir una empresa, atraer inversión o construir mercados sin seguridad. Las ganancias que trae la estabilidad se evaporan cuando la violencia se apodera de las principales urbes del país. Si México quiere mantener su atractivo para empresarios y turistas, es hora de exigir resultados tangibles en seguridad que no queden en discursos oficiales, moderar la volatilidad de inversión y cuidar el prestigio adquirido en años de promoción internacional.

Si se permite que la violencia interrumpa infraestructura crítica, como aeropuertos, carreteras o bancos, no habrá cantidad de ferias turísticas o acuerdos mundiales que compensen la pérdida de confianza. La economía no opera en abstracto; opera donde las familias, los empleados y los turistas se sienten seguros. Y en ese terreno, Jalisco acaba de mostrar que estamos lejos de tener certidumbre real.

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