Presencia, propuestas y capital: ¿por qué el Tianguis sigue siendo una cita que importa?

Presencia, propuestas y capital: ¿por qué el Tianguis sigue siendo una cita que importa? Presencia, propuestas y capital: ¿por qué el Tianguis sigue siendo una cita que importa?
Foto: Grupo Hoy

Este 27 de abril, Acapulco recupera su lugar como la ciudad más importante del país para quienes viven del turismo. La edición 50 del Tianguis Turístico arrancó con un programa que incluye citas de negocios, delegaciones de varias regiones del mundo y una agenda que se extiende hasta el 30 de abril. Medio siglo de historia acumulada en cuatro días de trabajo real: así se mide este encuentro, con contratos y con apretones de mano, con compradores y expositores sentados frente a frente.

Durante estos años, el Tianguis ha proyectado la oferta turística de México ante los mercados que deciden a dónde van los viajeros y cuánto dinero llevan en el bolsillo. Aquí se conecta la oferta real del país con quienes tienen la capacidad de llenarla de visitantes, y esa conexión tiene un valor comercial que los empresarios entendemos muy bien. Quien llegue a Acapulco esta semana con propuestas concretas tiene frente a sí una oportunidad que no se abre constantemente.

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La Secretaría de Turismo federal merece el crédito por sostener este encuentro con la envergadura que tiene hoy. Mantener una convocatoria de este tamaño, con presencia internacional, requiere una gestión constante que va bastante más allá de la coordinación logística. Convencer a compradores de otros países de que México es una apuesta sólida y de que sus recursos están bien empleados aquí, es una tarea que bajo el mando de la titular Josefina Rodríguez Zamora, se ha ejercido.

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Dicho todo lo anterior, con la convicción que me da haber estado presente, hay episodios de esta edición que merecen señalarse con la misma franqueza con la que alabo lo que funciona. El Gobierno del Estado de Guerrero, encabezado por Evelyn Salgado Pineda, fue uno de los que tuvo a su cargo la organización del evento en el recinto y el resultado fue una vergüenza administrada. Los espacios que debían ocupar compradores, expositores y figuras del sector turístico nacional e internacional aparecieron llenos de estudiantes de distintos niveles educativos, convocados, se entiende, para cubrir un aforo que la organización fue incapaz de garantizar por sus propios medios. Esa fue una señal de que el anfitrión local llegó al evento más importante del turismo mexicano sin la capacidad operativa que la ocasión exigía. El trabajo de la Secretaría de Turismo federal y de su titular no merece ese tipo de escenografía improvisada como telón de fondo.

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Y si la sala llena de estudiantes fue incómoda, lo que ocurrió durante la ceremonia de inauguración fue directamente inaceptable. Un apagón de veinte minutos obligó a varias personalidades a leer sus discursos en la oscuridad, y mientras algunos asistentes levantaban las lámparas de sus teléfonos como si aguardaran el inicio de un concierto, otros simplemente decidieron abandonar sus butacas. La imagen recorrió el mundo: la edición 50 del encuentro más relevante del turismo mexicano, arrancando a oscuras y con algunas de las gobernadoras presentes recibiendo, además, muestras visibles de descontento entre el público.

Quienes desde sus oficinas en Europa, Asia o Norteamérica evalúan si México es un destino serio para sus carteras de inversión no distinguen entre la falla del Gobierno estatal y la gestión federal, ven un evento, ven un apagón y sacan conclusiones. Por eso el Gobierno de Guerrero le debe una explicación al sector, a la Secretaría y, sobre todo, a los cincuenta años de historia que esta edición tenía la obligación de honrar.

Ahora bien, sería deshonesto de mi parte omitir el contexto en el que llega esta edición cincuenta. Los meses anteriores han traído episodios de violencia que alimentan una percepción complicada entre los mercados emisores internacionales. Los compradores extranjeros leen los mismos reportes que cualquier ciudadano, y sus decisiones de inversión se ven afectadas por lo que encuentran. Frente a eso, la respuesta del sector turístico mexicano tiene que ser de presencia contundente, de ofertas concretas y de empresarios que respaldan sus palabras con capital y con nombre.

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Por esa razón, mi participación en el Tianguis este año tiene un significado que va más allá de la agenda de negocios propia. Estar aquí, aunque mi visión esté más enfocada hacia otros sectores y no en el turismo propiamente, es una afirmación pública de que esta industria en México funciona y de que varios empresarios estamos dispuestos a construir sobre lo que este país ofrece.

Las alianzas que se forman en estos cuatro días tienen consecuencias reales. Eso es lo que produce el Tianguis, y eso es lo que me trae a este evento cada año.

El turismo mexicano se defiende con presencia, con propuestas y con empresarios que entienden que el mercado se gana en los espacios donde se toman las decisiones. Esta semana, ese espacio está en Acapulco, y quien quiera tener peso en la industria durante el próximo año hará bien en estar aquí.

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