Turismo en Puebla en crisis: cuestionan gestión de Carla López-Malo

Empresarios del sector turístico y restaurantero denuncian favoritismo, opacidad en inversiones millonarias y nulos resultados de las rutas mundialistas prometidas por la secretaria de Turismo estatal.

El turismo en Puebla atraviesa un momento delicado. Los cuestionamientos hacia la gestión de Carla López-Malo Villalón, titular de la Secretaría de Turismo estatal, se han intensificado en las últimas semanas. Empresarios del sector restaurantero y hotelero, así como promotores del turismo comunitario, coinciden en un diagnóstico poco alentador: favoritismo, inversiones opacas y resultados que no llegan.

La inconformidad no es menor ni proviene de un solo frente. Desde los pequeños emprendedores que impulsan el turismo comunitario en los rincones más pintorescos del estado, hasta los grandes empresarios agremiados en organizaciones como la Canirac, las quejas apuntan en la misma dirección: la dependencia estatal no está cumpliendo con su papel de promotora y facilitadora del desarrollo turístico.

Empresarios señalan clasismo y favoritismo

Uno de los señalamientos más graves que enfrentan las autoridades turísticas poblanas es el de un trato diferenciado hacia los empresarios del sector. Quienes promueven el turismo comunitario —esos proyectos que llevan visitantes a comunidades rurales, a cocinas tradicionales y a paisajes que no aparecen en las guías internacionales— aseguran que no reciben ni promoción ni apoyo.

La situación resulta paradójica. Mientras el discurso oficial del Gobierno de Puebla habla de inclusión y desarrollo regional, en la práctica los recursos y la atención parecen concentrarse en un puñado de negocios selectos. Los empresarios “de medio pelo”, como irónicamente se autodenominan algunos, ni siquiera logran una reunión con la funcionaria.

Pero tampoco los grandes están contentos. Los hoteleros y restauranteros más poderosos del estado han tenido que invertir de su propio bolsillo en promoción y acciones que, en teoría, deberían correr por cuenta de la Secretaría de Turismo. La pregunta que flota en el ambiente es inevitable: ¿para qué sirve entonces la dependencia?

El fracaso de las rutas mundialistas

Uno de los episodios más cuestionados de la actual gestión tiene que ver con las llamadas “rutas turísticas mundialistas”. Con motivo del Mundial de Fútbol recién concluido, la Secretaría de Turismo anunció con bombo y platillo cinco circuitos diseñados para atraer visitantes al estado.

Las rutas incluían destinos emblemáticos: la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán, la Ruta de Pueblos Mágicos y BioCafé, la Zona Arqueológica de Cantona, el Centro Histórico de Puebla y el Pueblo Mágico de Atlixco. El cálculo oficial era optimista: entre 350 mil y 500 mil visitantes llegarían al estado atraídos por el evento deportivo.

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Sin embargo, a la fecha no existen cifras oficiales sobre la derrama económica generada ni sobre el número real de turistas que recorrieron estas rutas. El silencio de la dependencia ha sido interpretado por los empresarios como una confirmación tácita del fracaso. Las rutas mundialistas, al parecer, se quedaron en el papel.

Tampoco hay evidencia de la prometida promoción de Puebla al interior de aeronaves de líneas nacionales e internacionales, un compromiso que López-Malo Villalón asumió públicamente al inicio de su gestión y que hoy nadie parece recordar en la Secretaría.

La tragedia de Cuetzalan y la ausencia oficial

Otro episodio que ha marcado negativamente la percepción sobre la gestión turística actual es la tragedia ocurrida en Cuetzalan. Una familia completa estuvo a punto de perder la vida tras confiar su seguridad a guías no certificados durante una visita a la gruta de Chichicazapan.

El incidente con la familia Peña Antonio puso en evidencia un problema estructural: la falta de regulación y supervisión de los guías turísticos en todo el estado. La pregunta obligada es qué ha hecho la Secretaría de Turismo para profesionalizar y certificar a quienes ofrecen servicios de guía en zonas de riesgo.

Lo que más llamó la atención fue la ausencia de la secretaria durante los momentos más críticos de la emergencia. Mientras la comunidad y los cuerpos de rescate trabajaban contrarreloj, la titular de Turismo brilló por su ausencia en Cuetzalan. Un detalle que no pasó desapercibido para los habitantes de la región ni para los operadores turísticos locales.

La polémica inversión en la Guía Michelin

Quizá ninguna decisión ha generado tanta controversia como la inversión realizada para incluir a Puebla en la Guía Michelin, el prestigioso catálogo internacional de clasificación de restaurantes y hoteles. La secretaria informó que el monto ascendió a 8.3 millones de pesos; sin embargo, trascendió que el acuerdo con la empresa francesa es por tres años y el gasto total podría alcanzar entre 20 y 34 millones de pesos.

La opacidad en torno a las cifras reales ha alimentado las sospechas. ¿Cuánto costó exactamente? ¿Qué beneficios concretos se esperan? ¿Quiénes serán los principales beneficiados? Las respuestas no llegan con claridad desde la dependencia.

Lo que sí resulta evidente es que la Guía Michelin, por su propia naturaleza, privilegia establecimientos de alto nivel. Las fondas tradicionales, los mercados populares y las cocinas comunitarias que dan identidad gastronómica a Puebla difícilmente aparecerán en sus páginas.

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“La Guía Michelin no solo reconoce sino también ordena, clasifica, jerarquiza, decide, según su criterio, qué vale la pena mirar, probar, visitar y qué no. Y en ese proceso, inevitablemente, gran parte de los pintorescos lugares poblanos quedarían fuera.”

Fernanda Meneses, directora editorial de México Ruta Mágica

La reflexión de la especialista en turismo pone el dedo en la llaga. ¿Vale la pena invertir millones de pesos en un reconocimiento que excluye por definición a la mayoría de los establecimientos poblanos? ¿No existen otras estrategias de promoción más incluyentes y, quizá, más efectivas?

El turismo en Puebla necesita un cambio de rumbo

Puebla cuenta con una riqueza turística envidiable. Su gastronomía es reconocida a nivel mundial, sus zonas arqueológicas atraen a investigadores y viajeros de todos los continentes, sus pueblos mágicos ofrecen experiencias únicas y su centro histórico es Patrimonio de la Humanidad. No necesita, en estricto sentido, de sellos externos para validar su valor.

Lo que sí necesita el turismo en Puebla es una política pública que beneficie a todos los actores del sector, no solo a los más grandes o a los más cercanos al poder. Necesita transparencia en el uso de los recursos públicos, resultados medibles y verificables, y una autoridad presente cuando las cosas salen mal.

El gobernador Alejandro Armenta enfrenta un reto importante en este rubro. El descontento del sector empresarial es evidente y las críticas hacia la Secretaría de Turismo no paran de crecer. La pregunta es si habrá voluntad política para corregir el rumbo o si se dejará pasar la oportunidad de convertir al turismo en un verdadero motor de desarrollo para todas las regiones del estado.

Por lo pronto, los empresarios esperan respuestas concretas. Los promotores del turismo comunitario siguen trabajando sin apoyo oficial. Y los visitantes nacionales e internacionales siguen llegando a Puebla, no gracias a la gestión de la Secretaría, sino a pesar de ella.

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