Hace exactamente un año, las autoridades estatales entregaron con bombo y platillo equipos de reciclaje en tres de los mercados más importantes de la ciudad de Puebla. Hoy, el 27 de julio de 2026, esas máquinas siguen sin funcionar. La razón es tan absurda como frustrante: no tienen conexión eléctrica.
Los mercados Zapata, Independencia y la Central de Abasto albergan equipos de reciclaje que nunca han procesado un solo kilogramo de residuos. Los locatarios, que inicialmente recibieron el programa con entusiasmo, ahora observan con resignación cómo la maquinaria acumula polvo en lugar de transformar desechos en recursos aprovechables.
Armenta interviene para destrabar el problema
Ante la presión de comerciantes y la evidente parálisis del proyecto, el gobernador Alejandro Armenta decidió tomar cartas en el asunto. Según trascendió, el mandatario poblano solicitó directamente a Franco Rodríguez que intervenga para agilizar los trámites de conexión eléctrica con la Comisión Federal de Electricidad.
La gestión busca que los equipos finalmente entren en operación antes de que se cumpla otro año de abandono. Sin embargo, los tiempos burocráticos y la falta de coordinación entre dependencias municipales y federales han convertido lo que debería ser un trámite rutinario en un verdadero dolor de cabeza administrativo.
Un programa ambicioso que nació muerto
El programa de reciclaje en mercados públicos de Puebla fue anunciado como una iniciativa innovadora que posicionaría a la capital poblana como referente nacional en manejo sustentable de residuos sólidos. La idea era sencilla pero poderosa: instalar máquinas compactadoras y clasificadoras en los principales centros de abasto para reducir la cantidad de basura que termina en rellenos sanitarios.
Según datos del Gobierno de Puebla, los mercados públicos de la ciudad generan aproximadamente 120 toneladas diarias de residuos orgánicos e inorgánicos. Con las máquinas operando a plena capacidad, se estimaba recuperar hasta el 40 por ciento del material reciclable, lo que representaría un ahorro significativo en costos de recolección y disposición final.
Pero nada de eso ha ocurrido. Las máquinas llegaron, se instalaron, se tomaron las fotos para la prensa y después… el silencio. Nadie previó —o nadie quiso resolver— el pequeño detalle de que los equipos necesitaban electricidad para funcionar.
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Las voces de los comerciantes
En el mercado Zapata, ubicado en la zona norte de la ciudad, los locatarios han reportado afectaciones directas. La maquinaria ocupa espacio que podría destinarse a otras actividades, y la promesa incumplida genera desconfianza hacia futuros programas gubernamentales.
“Nos dijeron que íbamos a ser ejemplo para todo el país, que Puebla estaba a la vanguardia. Un año después, esas máquinas son puro adorno”
Locatario del mercado Zapata
La situación en el mercado Independencia es similar. Los comerciantes exigen que se eche a andar el proyecto de una vez por todas o, en su defecto, que se retiren los equipos para liberar el espacio. La frustración es palpable entre quienes creyeron en las bondades del programa.
En la Central de Abasto, el panorama resulta aún más desolador. Las máquinas de reciclaje lucen prácticamente abandonadas, sin mantenimiento preventivo y expuestas a las inclemencias del tiempo. Si el problema de la conexión eléctrica no se resuelve pronto, existe el riesgo de que los equipos sufran daños irreversibles antes de haber procesado un solo residuo.
Un problema recurrente en la infraestructura pública
Este caso no es aislado. La falta de planeación integral en proyectos de infraestructura pública ha dejado elefantes blancos en diversas regiones del estado. Hospitales sin equipamiento, escuelas sin maestros, y ahora máquinas de reciclaje sin electricidad forman parte de un patrón que los ciudadanos conocen demasiado bien.
El problema radica en la desconexión entre las etapas de planeación, ejecución y operación de los proyectos. Las autoridades anuncian con entusiasmo las inversiones, cortan los listones inaugurales y después abandonan el seguimiento necesario para que las obras realmente funcionen.
En el caso de las máquinas de reciclaje, la pregunta obligada es: ¿por qué se instalaron los equipos sin garantizar previamente la conexión eléctrica? ¿Quién autorizó la entrega de maquinaria que no podía operar? Estas interrogantes siguen sin respuesta oficial.
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Lo que viene para los mercados poblanos
La intervención directa del gobernador Armenta representa una señal de que el tema finalmente llegó a los niveles de decisión más altos. Sin embargo, los comerciantes han aprendido a ser escépticos. Ya escucharon promesas similares hace un año y el resultado está a la vista.
Para que el programa de reciclaje en mercados funcione, se requiere resolver varios pendientes:
- Completar los trámites de conexión eléctrica con CFE en los tres mercados
- Realizar mantenimiento preventivo a las máquinas tras un año de inactividad
- Capacitar al personal que operará los equipos
- Establecer protocolos de separación de residuos con los locatarios
- Definir el destino final de los materiales reciclados
Mientras tanto, los mercados Zapata, Independencia y Central de Abasto seguirán generando toneladas de residuos que podrían aprovecharse pero que terminan en el basurero. Un desperdicio de recursos públicos y una oportunidad perdida para el medio ambiente.
Los poblanos merecen saber cuándo —y si alguna vez— las máquinas de reciclaje cumplirán la función para la que fueron adquiridas. El reloj sigue corriendo.