Los islandeses votaron este sábado en referéndum y le dijeron ‘no’ a retomar las negociaciones para entrar a la Unión Europea. El resultado fue ajustado: 52% en contra, 48% a favor. La primera ministra Kristrún Frostadóttir fue clara: su Gobierno no seguirá adelante con las pláticas en este mandato.
La UE representó el 53.6% del comercio total de mercancías de Islandia en 2025, pero el país prefiere mantener el control de sus aguas pesqueras.
La consulta no era vinculante, pero el mensaje quedó claro. Islandia ya había intentado entrar en 2009, pero en 2013 decidieron pausar el diálogo. Para 2015 perdieron el estatus de candidatos. Ahora, 11 años después, volvieron a decir que no gracias.
Los beneficios sin las obligaciones
Aquí está el truco: Islandia ya disfruta muchos privilegios de la UE sin ser miembro. Forman parte del Espacio Económico Europeo (EEE) y del espacio Schengen. También están en la OTAN. Es decir, tienen acceso al mercado común, libre circulación y cooperación en seguridad, pero sin tener que cumplir todo el paquete de reglas que Bruselas impone a sus socios.
La UE es su mayor socio comercial. En 2025, el bloque europeo representó el 53.6% del comercio total de mercancías de la isla. Las exportaciones hacia la UE alcanzaron el 66.5% del total, mientras que las importaciones desde Europa fueron el 45.1%. Entre 2022 y 2023, el comercio de servicios creció 24%.
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El PIB islandés ronda los 33,000 millones de euros. No es una potencia, pero tienen claro qué los mantiene a flote.
La pesca: el verdadero motivo del rechazo
Islandia se independizó de Dinamarca en 1944 y desde entonces la pesca ha sido el corazón de su economía. Los productos del mar representan el 39% de las exportaciones de bienes, con un valor de 2,600 millones de euros.
En 2024, las capturas pesqueras valieron alrededor de 1,100 millones de euros. En 2025, la acuicultura generó unos 360 millones en exportaciones. Para los islandeses, entregar el control de sus aguas a Bruselas es inaceptable. La Política Pesquera Común de la UE les quitaría soberanía sobre su recurso más valioso.
Frostadóttir dejó claro el siguiente paso:
Discutiremos el tema en el Parlamento, creemos que es crucial. Y tomaremos una decisión sobre qué hacer con la solicitud. Pero este Gobierno no va a seguir adelante con las negociaciones en este mandato.
La primera ministra también reconoció que la gente está contenta con el acuerdo actual del EEE y la relación que ya tienen con la UE. Esa es la lección, dijo. Van a seguir reforzando esa relación, pero sin comprometerse más allá.
El contexto geopolítico también pesa. Con las tensiones en el Ártico, los movimientos de Rusia y el interés de otras potencias en la región, Islandia no quiere ceder control. Prefieren mantener su autonomía, aunque eso signifique quedarse en el limbo europeo.