La Virgen de Ocotlán: 270 Años de fe y tradición en Tlaxcala

Tlaxcala se vistió de gala este 19 de mayo para recibir a su protectora celestial. La Bajada de la Virgen…

Tlaxcala se viste de gala cada mes de mayo para recibir a su protectora celestial. La Bajada de la Virgen de Ocotlán, una de las festividades religiosas más antiguas y arraigadas de México, celebra más de 270 años de unir fe, tradición e identidad cultural. Decenas de miles de fieles abarrotan cada año las calles del Centro Histórico de Tlaxcala, prueba de que esta tradición sigue más viva que nunca.

Dato clave
La Bajada de la Virgen de Ocotlán tiene su origen en 1541, cuando la imagen se apareció a Juan Diego Bernardino junto a un ocote en llamas.

El recorrido sagrado que paraliza la ciudad

Al amanecer, el repique de campanas anuncia el inicio de la celebración. La imagen de la Virgen de Ocotlán, cuidadosamente descendida de su nicho en la Basílica de Ocotlán, inicia su peregrinar sobre un mar de tapetes de aserrín que superan los 500 metros de longitud. Artesanos de toda la región trabajan jornadas continuas para crear estos efímeros tapices que mezclan aserrín teñido, flores frescas y arcilla molida.

Imagen: Gobierno del Estado de Tlaxcala.

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La procesión hace escala en 7 templos históricos, incluyendo la majestuosa Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, joya del Patrimonio de la Humanidad. En cada parada, grupos corales indígenas entonan cantos en náhuatl que han acompañado esta tradición por siglos.

De la leyenda a la realidad: una devoción que trasciende fronteras

La historia registra que en 1541, la Virgen de Ocotlán se apareció al indígena Juan Diego Bernardino en medio de un ocote en llamas, marcando el inicio de una devoción que hoy atrae peregrinos de 18 países diferentes, incluyendo delegaciones de países tan lejanos como Filipinas y Polonia.

De acuerdo con relatos de la comunidad religiosa local, cada año se utilizan más de 3 toneladas de flores para adornar el recorrido, y los tapetes de aserrín demandan miles de horas de trabajo colectivo. Las autoridades de turismo y cultura del estado señalan que este evento genera una derrama económica que beneficia a cientos de familias de artesanos.

El impacto tangible de una tradición milagrosa

Turismo religioso: los hoteles de la capital suelen reportar ocupación completa durante los días de la celebración
Arte popular: se exhiben decenas de técnicas artesanales en peligro de extinción
Gastronomía: se consumen toneladas del tradicional pan de fiesta
Fe colectiva: la tradición local recoge numerosos testimonios de milagros atribuidos a la Virgen

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