Mundial 2026: aficionados de México, EUA y Canadá celebran el éxito del torneo

A pesar de los altos precios y la polémica con FIFA, los fanáticos coinciden en que la fiesta futbolística superó las expectativas en las tres naciones anfitrionas.

El Mundial 2026 está llegando a su fin y las voces de los aficionados en los tres países anfitriones coinciden en un veredicto: pese a los precios exorbitantes, las restricciones de FIFA y la polarización política en Estados Unidos, la Copa del Mundo ha sido un “éxito sorprendente” que demostró que el futbol pertenece a la gente.

Desde las calles de Guadalajara repletas de colombianos celebrando hasta los bares de Vancouver abarrotados desde las nueve de la mañana, pasando por la explosión de kilts escoceses en Boston, el torneo ha dejado imágenes memorables que trascienden los resultados deportivos.

Boston vibra con el ambiente internacional

Para Moon, aficionada residente en la ciudad de Massachusetts, el verano ha sido “vibrante y lleno de vida”. Aunque inicialmente tenía dudas sobre la capacidad organizativa, la llegada de miles de fanáticos escoceses para el partido contra Haití transformó completamente su perspectiva.

“Los escoceses fueron un deleite, con sus ocurrencias de poner conos por todas partes, caminando en kilts y cargando gaitas, improvisando con los músicos callejeros. Eran un grupo muy divertido”

Moon, aficionada en Boston

La aficionada asistió a tres partidos y su única queja fueron los precios extremadamente elevados de las entradas. Sin embargo, destacó que los visitantes extranjeros elogiaron la hospitalidad estadounidense, aunque todos coincidieron en que la situación política del país es complicada.

Este punto resulta particularmente relevante considerando el contexto actual bajo la administración de Donald Trump, cuyas políticas migratorias y arancelarias han generado tensiones con México y otras naciones. Los aficionados extranjeros, según los testimonios, lograron separar al gobierno de la población local.

Guadalajara: la fiesta le ganó a FIFA

En México, el ambiente previo al torneo estuvo marcado por el descontento. Comerciantes locales se quejaron de que FIFA los dejó fuera de las zonas comerciales, mientras que los precios de los boletos resultaron inalcanzables para la mayoría de los mexicanos.

Sin embargo, Eme Guitrón, residente de Guadalajara, relata que una vez iniciado el torneo, la “disonancia cognitiva” no impidió que la gente acudiera masivamente a las fiestas de visualización en la ciudad, repletas de alegría y diversión.

“Nos dejaron fuera del evento real por los precios, pero la fiesta siguió adelante, preferiblemente sin FIFA. A pesar de todo lo que hizo el organismo, enviamos el mensaje de que el futbol le pertenece a la gente, no a las instituciones”

Eme Guitrón, aficionado en Guadalajara

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Entre los momentos más memorables, Guitrón destaca las celebraciones tras la victoria de Colombia sobre República Democrática del Congo. Los festejos se extendieron durante horas después del partido, abarcando cuadras y cuadras de la ciudad.

“No creo que la ciudad se haya sentido nunca más colombiana”, afirmó. Y por supuesto, no podía faltar la mención a Merlín, el pato que se volvió viral en redes sociales y capturó la atención de aficionados de todo el mundo en la Ciudad de México.

Vancouver mostró lo mejor de Canadá

En Canadá, la experiencia también superó las expectativas. Ben Lane, residente de Vancouver, describe la primera semana como el establecimiento del tono perfecto: clima inusualmente favorable, peatonalización exitosa de la calle Granville y una ciudadanía completamente involucrada.

Lane asistió al partido entre Egipto y Nueva Zelanda, calificándolo como un momento digno de cualquier lista de deseos. El transporte público funcionó impecablemente, la atmósfera en los parques de fanáticos y el estadio fue increíble, y hasta logró ganar una apuesta de marcador exacto.

“Dicen que los canadienses nacen en todo el mundo, y fue maravilloso ver a las diversas diásporas traer su color y energía para ver los partidos en las pantallas gigantes. Vimos lo mejor de Canadá en el torneo: hermoso y acogedor”

Ben Lane, aficionado en Vancouver

Para Lane, un momento particularmente emotivo fue ver a su hijo abrir su primer paquete de estampas Panini la víspera del primer partido. El Mundial, más allá de los goles, creó recuerdos familiares que perdurarán por décadas.

Las críticas: ciudades dispersas y comercialismo excesivo

No todo fueron elogios. Kyle, un aficionado neoyorquino que vivió en Sudáfrica durante el Mundial 2010, señaló una diferencia fundamental: la dispersión geográfica de las sedes.

En el torneo africano, los fanáticos se concentraban en Johannesburgo o Ciudad del Cabo, y el Mundial era el centro de todo durante cinco semanas. Esta vez, con 16 ciudades sede distribuidas en tres países de dimensiones continentales, la sensación fue diferente.

“Estuve en Washington, Nueva York, Chicago y Atlanta durante el torneo. A menos que te pusieras intencionalmente en un lugar para ver futbol, nada parecía diferente a un martes cualquiera”

Kyle, aficionado en Nueva York

En Vancouver, Eleanor confesó estar aliviada de que el torneo termine. Las carreteras y el transporte fueron un caos, hubo escasez de cerveza en bares y pubs abarrotados desde temprano, y aunque reconoce que la gente se divirtió, prefiere recuperar su “ciudad aburrida”.

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La afición mexicana dejó huella

Los testimonios destacan particularmente el comportamiento de los aficionados mexicanos. Un espectador que asistió al Mundial México 1986 y no pudo hacerlo esta vez por los altos precios, elogió el ambiente en la capital mexicana.

Restaurantes, bares, plazas públicas, zonas de fanáticos y estadios se llenaron de mexicanos disfrutando los partidos. La afición, según los testimonios recabados, dejó una excelente impresión ante el mundo.

El contraste entre el México de 1986 y el de 2026 es notable. Hace cuatro décadas, el país organizó el torneo en solitario con apenas 52 partidos. Esta edición, la más grande de la historia con 104 encuentros, dividió la logística entre tres naciones pero también diluyo la intensidad de la experiencia mundialista en cada territorio.

El balance: la gente ganó la Copa

Más allá de quién levante el trofeo en la final, el Mundial 2026 deja lecciones importantes. El comercialismo excesivo de FIFA, los precios prohibitivos y las restricciones a comerciantes locales generaron resentimiento legítimo.

Sin embargo, la alegría, el amor, la esperanza y la diversión proporcionados por los aficionados superaron esos obstáculos. Como resume Guitrón desde Guadalajara: el mensaje quedó claro. El futbol pertenece a la gente, no a las instituciones.

Para México, Estados Unidos y Canadá, esta Copa del Mundo representó una oportunidad de mostrar hospitalidad en tiempos de división política. Los testimonios sugieren que, al menos en ese aspecto, los tres países cumplieron con creces.


La final del torneo se jugará este fin de semana en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Independientemente del resultado, millones de aficionados en los tres países anfitriones ya tienen su veredicto: pese a todo, valió la pena.

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