Aun con la normativa federal que prohíbe la venta de alimentos ultraprocesados en escuelas, muchas instituciones de Puebla siguen ofreciendo productos poco saludables a sus estudiantes. Durante el ciclo escolar pasado, 2,701 reportes de padres y alumnos alertaron sobre la venta de alimentos no permitidos, según la plataforma “Mi vida saludable” de la Red por los Derechos de las Infancias en México (Redim).
Los datos muestran que 1,143 escuelas continuaron vendiendo galletas, frituras, dulces y otros productos ultraprocesados, mientras que casi 64% de los planteles mantenía refrescos y bebidas azucaradas en sus estantes. Esta práctica evidencia que la prohibición aún enfrenta resistencia y que la alimentación de los estudiantes sigue en riesgo.
Falta de control y alternativas saludables
La mayoría de las escuelas tampoco cuenta con mecanismos internos para supervisar la venta de estos alimentos. Según Redim, el 78.3% de los planteles carece de un comité que vigile el cumplimiento de la normativa, lo que deja en manos del personal educativo la decisión de continuar con la venta de productos no saludables.
El problema se agrava por la escasez de opciones nutritivas. Más de la mitad de las escuelas (52.2%) no ofrecen frutas ni verduras, y 82.2% no cuenta con bebederos de agua. Esto limita la posibilidad de que los alumnos adopten hábitos de alimentación saludables durante su jornada escolar y refuerza el consumo de productos ultraprocesados.

Una barrera para la educación alimentaria en las escuelas de Puebla
Padres, especialistas y defensores de los derechos de la infancia coinciden en que esta situación refleja la necesidad de acciones más firmes para garantizar la salud de los niños. Sin supervisión adecuada y sin alternativas nutritivas, la prohibición de vender comida chatarra pierde fuerza y los hábitos poco saludables se refuerzan desde la infancia.
La evidencia sugiere que lograr un cambio requiere más que leyes: implica involucrar a las escuelas, capacitar al personal y promover opciones saludables que los estudiantes realmente puedan consumir. De lo contrario, la comida chatarra seguirá siendo la protagonista en los planteles poblanos.