Entre 2018 y 2026, el partido oficialista Morena ha destinado más de 600 millones de pesos al diseño, impresión y distribución de su órgano propagandístico Regeneración, un medio que, lejos de transparentar su operación, se ha convertido en símbolo de la opacidad que caracteriza al régimen. A pesar de estas cifras multimillonarias, únicamente se han hecho públicos cinco contratos que en conjunto suman apenas 22 millones de pesos, una discrepancia que levanta serias dudas sobre el manejo de recursos.
La falta de claridad no es un asunto menor. Diversas solicitudes de información presentadas por ciudadanos a través de la Plataforma Nacional de Transparencia han sido respondidas con evasivas por parte de Morena, que insiste en que los datos ya son públicos, cuando en realidad no lo están. Este patrón de respuestas ambiguas refuerza la percepción de un partido que, pese a haber prometido combatir la corrupción, reproduce prácticas de opacidad.
Las irregularidades no terminan ahí. El Instituto Nacional Electoral ha documentado inconsistencias relevantes en el gasto destinado a Regeneración. En 2021, por ejemplo, detectó una subvaluación superior a 9.3 millones de pesos en la impresión de ejemplares. Mientras el precio de mercado estimado era de 2.78 pesos por unidad, Morena reportó un costo de apenas 1.85 pesos, una diferencia difícil de justificar sin recurrir a prácticas cuestionables.
A esto se suman avisos tardíos al INE que impedían verificar el tiraje real, así como intentos de reclasificar estos gastos como parte de campañas electorales, lo que sugiere una posible estrategia para evadir controles más estrictos.
El origen de Regeneración también resulta revelador. Fundado en 2010 por Jesús Ramírez Cuevas, quien posteriormente se desempeñó como vocero en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y hoy ocupa un cargo clave en la administración de Claudia Sheinbaum, el periódico ha sido desde sus inicios un instrumento político más que un medio informativo independiente.
En conjunto, los datos dibujan un panorama preocupante: recursos públicos canalizados hacia propaganda partidista sin rendición de cuentas clara. En un país que enfrenta retos urgentes en materia de seguridad, salud y educación, resulta cuestionable que se destinen cientos de millones a un aparato de difusión política cuya transparencia deja mucho que desear.